ACTO II – ESCENA PRIMERA

ACTO II – ESCENA PRIMERA

 

 

FAUSTO. ¿Qué espectáculo es este? Mefistófeles, habla.

MEFISTÓFELES. Nada, Fausto, es tan sólo un mero pasatiempo

para que comprendas lo que puede la magia.

FAUSTO. ¿Vendrán estos espíritus cuando yo los convoque?

MEFISTÓFELES.

Claro, Fausto, y harán cosas mucho más grandes.

FAUSTO. Entonces, Mefistófeles, ten este pergamino,

muestra de que me entrego en cuerpo y alma.

Mas todo a condición de que ejecutes

los acuerdos y artículos que ambos hemos pactado.

MEFISTÓFELES. Juro por el infierno y Lucifer

que cumpliré las promesas que ambos hemos pactado.

FAUSTO. Entonces atiende a mi lectura, Mefistófeles.

“De acuerdo con las siguientes condiciones:

Primera, que Fausto pueda ser un espíritu en forma y sustancia.

Segunda, que Mefistófeles será su sirviente y acatará sus órdenes.

Tercera, que Mefistófeles obedecerá y traerá todo lo que le pida.

Cuarta, que permanecerá invisible en su estancia o casa.

Finalmente, que se presentará al dicho Juan Fausto en la

forma o aspecto que éste en cada momento decida:

Yo, Juan Fausto de Wittenberg, Doctor, por la presente

entrego mi cuerpo y alma a Lucifer, príncipe del Este, y a

su ministro Mefistófeles, y por añadidura les concedo,

una vez expirados veinticuatro años sin violación de los

artículos arriba escritos, pleno poder para atrapar

o conducir al dicho Juan Fausto, en cuerpo y alma, sangre, o bienes,

hacia su morada, allí donde esté.

Yo, Juan Fausto.”

 

MEFISTÓFELES. ¿Entregas esto, Fausto, como escritura tuya?

FAUSTO. Sí, tómalo, tendrás la recompensa del diablo.

MEFISTÓFELES. Bien Fausto, ahora pregunta lo que quieras.

FAUSTO. Mi primera pregunta se refiere al infierno.

¿Dónde está el lugar que el hombre llama infierno?

MEFISTÓFELES. Bajo los cielos.

FAUSTO. Como el resto de las cosas, más ¿dónde exactamente?

MEFISTÓFELES. En las entrañas de estos elementos,

en donde nos torturan y que siempre habitamos.

El infierno, sin límites, no está circunscrito

a un lugar, el infierno es allí donde estamos,

y donde está el infierno allí habremos de estar.

Y, resumiendo, cuando el mundo se disuelva

y todas las criaturas sean purificadas,

¡todo lugar que no sea cielo, será infierno!

FAUSTO. Yo creo que el infierno es una fábula.

MEFISTÓFELES.

Créelo así… la experiencia cambiará tu parecer.

FAUSTO. ¿Por qué?, ¿piensas que Fausto habrá de condenarse?

MEFISTÓFELES. Sí, necesariamente, aquí está el pergamino

en el que has entregado tu alma a Lucifer.

FAUSTO. Sí, también mi cuerpo. ¿Y qué? De veras piensas

que Fausto es tan imbécil que supone

que después de esta vida existe algún dolor?

No, son meras naderías, simples cuentos de viejas.

MEFISTÓFELES. Pero yo soy un caso que prueba lo contrario,

pues estoy condenado y ahora en el infierno.  

FAUSTO. Si esto fuese el infierno, ruego que me condenen.

¡Cómo! ¿Dormir, comer, pasear, discutir?

 

La trágica historia de la vida y muerte del Doctor Fausto

CHRISTOPHER MARLOWE